martes, 1 de marzo de 2011

Pactos de mujeres. por Cristina del Valle

Hay una percepción generalizada de que con la autonomía de las mujeres se pierde.


Dice la maestra y antropóloga feminista Marcela Lagarde que las claves son mecanismos, métodos que en forma de llaves nos sirven para abrir puertas y ventanas.

La clave fundamental para un pacto entre mujeres es la lucha por un conjunto de derechos que compartimos con los hombres, pero también es el trabajo para la conquista de derechos solo de las mujeres. Esta cuestión específica es una clave importante ya que se trata de construir un conjunto de derechos que aseguren la autonomía de las mujeres. Cuando las mujeres se mueven, la sociedad lo vive como un atentado a la pareja, a la familia, en el trabajo… Hay una percepción generalizada de que con la autonomía de las mujeres se pierde. Por supuesto que se pierde, se pierde el control sobre ellas, se pierden los beneficios que ese control trae, se pierden privilegios y se pierde el uso del trabajo de las mujeres.

Nosotras tenemos que dejar de idealizar que los cambios hacia nuestra autonomía son cambios sin conflictos, tenemos que dejar de idealizar que el trabajo conjunto de las mujeres se hace sin conflicto. Nuestros cambios implican modifi- caciones en nosotras mismas y en los demás. Las mujeres que están en los movimientos sociales contra la violencia de género, por ejemplo, tienen también que identificar la violencia que viven y vivimos dentro de nosotras mismas.

Tenemos que dar valor a la sonoridad, entendiéndola como el reconocimiento mutuo a la autoridad de todas. La autoridad es un bien simbólico para la convivencia, y reconocerla es un pacto democrático, un pacto fundamental entre mujeres. Nos aliamos, trabajamos juntas, no para pensar igual, sino para pensar; no para actuar al unísono, en la misma dirección, sino para actuar; para tomar la palabra, porque nadie puede tomarla sin autoridad. En nombre de esa sonoridad, hoy las mujeres europeas tenemos el reto de generar pactos con las mujeres que desde Túnez o Egipto no solo están en la lucha por la conquista de los derechos de todo un pueblo, sino en la conquista de su propia autonomía como mujeres dentro de su propia sociedad. También hoy son importantes los pactos de mujeres en países como República Dominicana, donde se preparan para unas próximas elecciones.

Escribo este texto desde Santo Domingo, donde me encuentro compartiendo experiencias y conocimientos con los grupos de mujeres de la izquierda revolucionaria, en un proyecto impulsado por la Fundación Cambio del Cambio, porque si hablamos de pactos, el político es fundamental. Porque cada vez necesitamos a más mujeres en los movimientos sociales y políticos para que los proyectos con perspectiva de género sean una prioridad. Porque cada vez necesitamos a más mujeres en los espacios de poder para cambiarlo ejerciendo liderazgos entrañables que impactan en el alma de sus comunidades, que buscan convencer y no imponer, que impulsan la concordia, que crean una ética afectiva y sumadora, pactos de confianza, no de incondicionalidad.

Las mujeres feministas dominicanas están trabajando en un modelo de poder para hacer posible otro mundo, y en ese camino están algunos hombres a los que conozco personalmente y que también son necesarios ya que están jugando un papel fundamental, y lo hacen desde la sombra, desde la no visibilidad, sin estridencias, sin protagonismos, sin personalismos, porque creen que las sociedades avanzan y otro mundo pude ser posible cuando las mujeres tienen autoridad, protagonismo y reconocimiento. Hoy, mi pacto está aquí, con ellas y para ellas, y también con esos hombres buenos que quieren que este país se escriba en femenino. Porque la posición y la condición de las mujeres no solo define el grado de desarrollo socioeconómico de una nación, sino también su grado de desarrollo democrático.

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